Ética y lógica
Texto de Tony Torres, Guitarra de Malditos Pendejos y la Five Strings Band Hoy voy a abrir un melón. Y no pienso hacerlo con cuidado. Voy a darle un machetazo y que salpique donde tenga que salpicar. Hace poco volví a caer en la conversación eterna sobre el mundo de la música en directo: salas, público, bandas tributo, bandas de temas propios, cachés, consumiciones… el debate de siempre que todo músico ha tenido alguna vez en un camerino, en una furgoneta o en la barra de un bar después de tocar. Pero esta vez quiero apartarme del punto de vista del público. No porque no sea importante, sino porque el público paga su entrada y tiene todo el derecho a disfrutar sin preocuparse de lo que ocurre detrás del escenario. Hoy quiero hablar del negocio. De lo que sostiene —o tambalea— la música en directo. Las salas de conciertos son necesarias. Sin ellas, la música en vivo sería prácticamente inviable. Son espacios que requieren inversión, mantenimiento, personal, equipos técnicos, licencias, ...