miércoles, 6 de mayo de 2026

Amarlo u odiarlo

Un viaje por la carretera del Blues

Texto y fotografía de Tony Torres (Guitarrista de la Fives Strings Band y Malditos Pendejos)


Dylan es uno de esos músicos que generan extremos: el que lo odia derrocha gran parte de su energía en demostrarlo al mundo, y los que lo adoran hacen exactamente lo mismo, pero en sentido contrario. En parte, ese amor-odio tan recurrente hacia la gente con talento es lo que los hace aún más grandes.

Yo no voy a negar que los pocos discos de Dylan que no me gustan me pueden llegar a aburrir, pero los que me gustan, que son muchos, me enloquecen. Highway 61 Revisited es de esos que me ponen las pilas en cada escucha.

Editado hace ya 60 años, está claro que el tiempo no le afecta; todo lo contrario, cada año suena más auténtico. Todo el mundo sabe que Dylan fue un innovador, y el que no lo sepa se lo digo yo: lo fue, y con mayúsculas. En Highway 61 Revisited abrió muchas puertas que estaban cerradas para un artista folk, y su faceta eléctrica floreció con elegancia. Parte del mérito lo tiene el guitarrista Mike Bloomfield, y sería injusto no reconocérselo.

Su lucha con la discográfica fue constante, ya que no entendían su obsesión por adentrarse en el blues cuando ya tenía un nombre dentro del folk. Pero poco le importó al joven Dylan: su decisión era firme, quería explorar nuevos caminos.

Este álbum es un cúmulo de improvisaciones. Desde la participación de Al Kooper, que por entonces apenas sabía tocar el piano ni el órgano y, sin embargo, fue clave en “Like a Rolling Stone”. Aunque estaba fuera de tempo en gran parte de la canción, a Dylan le encantaba ese sonido, pese a la insistencia del productor, que quería eliminarlo. Al final, se subió el volumen como ordenó el propio Dylan. Aun así, Paul Griffin llevó gran parte del peso en los pianos del resto del disco.
Cuentan que “Like a Rolling Stone” era originalmente un poema de más de 20 páginas que se redujo a varias estrofas, porque la canción habría sido interminable. Incluso el título del disco fue motivo de disputa con la discográfica, que no le veía futuro comercial. Una vez más, Dylan se salió con la suya, después de dejar claro que nadie le haría cambiar de opinión.

Sin abandonar su lucha, incluso la foto de portada fue casi un accidente. Una imagen improvisada, charlando mientras estaba sentado en unas escaleras, luciendo su camiseta de Triumph (qué buen gusto), y al fondo, las piernas de un amigo con una cámara de fotos. Fue la que eligió, ignorando por completo las imágenes de la costosa sesión oficial. Estaba claro que Dylan no estaba dispuesto a ceder ante nadie. Hoy, esa portada es icónica.

Pero lo mejor de toda esta historia es el contenido de Highway 61 Revisited: un disco basado en el blues eléctrico, plasmado en joyas enérgicas como “From a Buick 6”, “Tombstone Blues” o “Highway 61 Revisited”, que conviven con otras más reposadas como mi favorita del álbum, “Ballad of a Thin Man”, “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” o la maravillosa y extensa “Desolation Row”.

Si a eso le sumamos la popular “Like a Rolling Stone” o la melancólica “Queen Jane Approximately”, tenemos lo que es: una obra de arte. Algunos lo verán como otro disco aburrido de Dylan; otros, como es mi caso, como una joya que disfruto como un crío cada vez que pongo la aguja sobre el vinilo.

Al final, todo depende de vosotros: descubrirlo y amarlo… o rechazarlo sin darle una oportunidad.

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