martes, 21 de abril de 2026

Reinventarse las veces que haga falta

Texto: Tony Torres (guitarrista de la Five Strings Band y Malditos Pendejos)


Sin duda, Ritchie Blackmore supo lo que quería durante toda su carrera. Y si no fue así, al menos yo me lo creí, porque pocos músicos han sido tan creativos e inspiradores como él.
Todavía no entiendo por qué no se le menciona constantemente como uno de los más grandes guitarristas de la historia. La única explicación que encuentro es que, posiblemente, sea porque sigue vivo. Y ojalá lo esté por muchos años.
Joe Lynn Turner tenía que volver a demostrar que no estaba en Rainbow por suerte o por capricho de Blackmore. Ya lo había hecho en Difficult to Cure, donde dejó claro que la elección era acertada y que su registro encajaba perfectamente con el sonido de principios de los 80. “Stone Cold” o “Tearin' Out My Heart” son dos canciones que, vocalmente, erizan la piel. Aun así, siempre fue un vocalista menos valorado por los seguidores, aunque también es lógico: calzarse los zapatos de Ronnie James Dio o Graham Bonnet no es fácil para nadie.
Posiblemente, Straight Between the Eyes sea mi disco favorito de esta etapa, aunque cualquiera de los tres es para enmarcar.
Producido por Roger Glover, se cuenta que Blackmore trabajó más que nunca en el estudio y que estaba algo obsesionado con el sonido que quería. Por eso repetía tomas una y otra vez, hasta el punto de que la banda llegaba a estar agotada, especialmente en una época sin apenas descanso entre giras y grabaciones.
En alguna entrevista, Turner comentaba que fue el disco en el que más química sintió con Blackmore, y que las ideas fluían de forma increíble. Sin embargo, parece que a Blackmore no le convencía del todo la elección de Bobby Rondinelli a la batería. Años después, él mismo reconoció que esa química entre ambos no llegó a existir, y que su forma de tocar no era exactamente lo que buscaba.
El propio Rondinelli también explicaba que donde más fricción había era en el proceso creativo. Blackmore podía cambiar arreglos en el último momento o descartar ideas sin demasiadas explicaciones, lo que resultaba frustrante. Pero estaba claro que estar en Rainbow implicaba estar al servicio de Blackmore o, de lo contrario, saber dónde estaba la salida. Así lo reconocía el propio Roger Glover, que era quien mejor conocía a Blackmore y ejercía como mediador la mayor parte del tiempo.
Aun con los problemas lógicos de una banda de éxito como Rainbow, Straight Between the Eyes es un álbum al que yo le doy un 10 de 10. Se habla mucho de su carácter comercial, pero se olvida que es un disco con una energía increíble, donde temas como “Power”, “Death Alley Driver”, “Miss Mistreated” o la épica “Eyes of Fire” están a la altura de las grandes canciones anteriores de la banda.
Incluso, poniéndose a analizar, “Bring On the Night” podría haber encajado perfectamente en Rising si hubiese sido interpretada por Dio. Y dicho esto, con todo el respeto al impecable trabajo de Turner, no puedo evitar pensar lo que habría sido este disco cantado íntegramente por Graham Bonnet. Creo, sin equivocarme demasiado, que hoy se consideraría una obra maestra absoluta.
Rainbow, la banda que nunca compuso un mal disco. ¿Cuántos pueden decir eso?

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