Que Jimi Hendrix fue único hasta el último de sus días no lo digo yo, lo dice la historia. Gran parte de ella está escrita gracias a su enorme aportación a la música. Por eso, el 17 de septiembre de 1970 es un día imposible de olvidar para much@s de los que amamos la guitarra, ya que con tan solo 27 años nos dejó.
Texto de Tony Torres (guitarrista de la Five Strings Band y malditos Pendejos)
Poniéndonos en contexto, sin necesidad de recordar toda la historia de Hendrix —ya conocida por la mayoría—, sí merece la pena detenerse en su etapa final, quizá la menos reconocida debido a su escasa duración. Band of Gypsys fue una necesidad para él. Necesitaba salir de un monopolio que lo tenía completamente atado. Incluso estaba inmerso en un proceso judicial con su antiguo mánager, conflicto que terminó resolviéndose entregándole un nuevo disco y logrando así liberarse de su manipulación. Ese fue el primer y único álbum oficial de Band of Gypsys: un directo grabado en el mítico Fillmore East.
A finales de 1968 y principios de 1969, Hendrix se sentía atrapado. Estaba cansado de ser un espectáculo de masas y del personaje que él mismo había creado. Todo eso lo frustraba profundamente. En esta etapa incluso debía escuchar desde el escenario gritos de parte del público como: “¡Quema la guitarra!” o “¡Jimi, toca con los dientes!”, y aquello era su propio infierno. En una entrevista para Rolling Stone llegó a declarar que solo querían ver a un “payaso del rock and roll”. Hasta ese punto se sentía incómodo.
En 1969 reclutó a dos músicos fascinantes: el bajista Billy Cox y el batería y cantante Buddy Miles. Dos músicos negros que aportaban otra visión y un nuevo matiz a su música, con un groove mucho más poderoso que conseguía que las improvisaciones sobre el escenario no tuviesen límites.
Fue una lástima que esta formación solo durase poco más de tres meses. La banda terminó deshaciéndose tras un concierto horrible en el que Hendrix apenas podía tocar debido a su estado por culpa de las sustancias, hasta el punto de que en ocasiones ni siquiera podía terminar los shows. Cabe recordar que falleció pocos meses después.
Además de la presión del público, el mánager tampoco ayudaba. Su deseo era despedir cuanto antes a los músicos negros que acompañaban a Hendrix, ya que consideraba que, con músicos blancos, la popularidad de Jimi era mucho mayor. Aun así, Hendrix se resistía a volver al pasado y decidió que Billy Cox continuase en la banda. Sin embargo, no pudo impedir que el mánager despidiese a Buddy Miles en cuanto tuvo la oportunidad. Por eso, durante sus últimos conciertos volvió a acompañarlo el enorme Mitch Mitchell a la batería, más adelante os contaré el desenlace de esta historia.
Como anécdota, es importante destacar que Miles Davis estuvo a punto de formar parte de la banda y convertirla en un cuarteto. Era un gran admirador de Hendrix, aunque la admiración y el respeto eran mutuos. Llegaron incluso a ensayar juntos, por desgracia, todo quedó en nada.
Esta corta etapa, y esto es solo una opinión personal, es donde Hendrix más experimentó con su sonido. Aquellas largas improvisaciones le permitieron desplegar todo su talento. Su agotamiento mental, paradójicamente, le benefició en un aspecto: dejó de tocar únicamente para el público. Por primera vez en mucho tiempo tocaba para sí mismo, y eso se nota al escuchar este fabuloso álbum grabado en el Fillmore East entre el 31 de diciembre de 1969 y el 1 de enero de 1970. En esos dos días realizaron cuatro conciertos, divididos en dos sesiones diarias, y este disco captura perfectamente lo que sucedió aquellas noches.
Si algo tenía claro Hendrix era que esta nueva etapa no iba a convertirse en un “grandes éxitos”. A pesar de la insistencia de su mánager, que quería convencerlo de que el público deseaba un gran show repleto de clásicos, Hendrix no dio su brazo a torcer y, como dije antes, tocó para sí mismo.
Aunque en ocasiones concedía algún clásico como “Voodoo Chile”, reinterpretado con una versión increíble llena de groove, o pequeñas apariciones de “Purple Haze” o “Foxy Lady”, casi nunca accedía a esas peticiones. Y sinceramente, me alegro de que tomase esa decisión. No porque no adore los clásicos de Jimi, sino porque gracias a ello pudimos descubrir una nueva etapa y una nueva forma de componer que me parece maravillosa.
Ahí aparecen joyas como “Who Knows”, “Machine Gun” —convertida ya en un clásico atemporal—, la soul “Power of Soul”, “Message to Love”, la improvisada “We Gotta Live Together” o “Stop”, con un inmenso Buddy Miles a la voz.
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